Que el Ayuntamiento diga que no va a montar la rampa de la Catedral para la procesión del 19 de junio y se quede tan pancho es preocupante; pero que tras conocer la noticia los organizadores de la procesión (Obispado, Cabildo Catedral y Consejo de Hermandades) guarden sepulcral silencio alcanza ya otro nivel. Sorprende, y sonroja, que la ciudad no se remueva de sus adoquines ante lo que debería considerarse una afrenta no a la fiesta tradicional, sino al Señor, al Sacramento, a la Eucaristía, al elemento principal sobre el que gira la vida de la Iglesia. ¿Cómo es eso de que el Santísimo tiene que salir por la puerta lateral de la Catedral porque a un equipo de gobierno se le ha antojado, en contra de la Corporación (que es la que representa a la ciudad), celebrar el Carnaval en junio? ¿Dónde queda la honorabilidad de un alcalde y una concejala que aseguraron a diestro y siniestro que las dos fiestas podrían convivir sin ningún problema y que el Corpus no se vería afectado en nada por el Carnaval?

El escenario que ha dibujado el Ayuntamiento en relación al 19 de junio, primando que el público pueda moverse cómodo por una Catedral sin rampa durante los días de Carnaval por encima de que la procesión del Santísimo salga por donde tiene que salir, que es la puerta principal, dice mucho del respeto municipal a una y otra fiesta. Pero el silencio que esa medida ha encontrado en el otro lado puede considerarse como una evidencia más del momento decadente que vive Cádiz. Debiera resultar sonrojante que el único estamento que se haya pronunciado al respecto sea el Partido Popular, que ha exigido que se instale la rampa, que tiempo hay más que suficiente entre el segundo domingo del pseudocarnaval de 2022 y el domingo de Corpus para hacerlo.

Las cofradías tienen estos días una oportunidad de oro, con dos plenos en una semana convocados por la permanente del Consejo, para defender su terreno y para no amilanarse ante los desprecios institucionales. Y si el Ayuntamiento dice que no va a montar la rampa, que el pleno de cofradías apruebe costear el montaje de la rampa, defendiendo que el Santísimo salga a la calle como merece, como merece la Iglesia diocesana en torno a la que gira esa procesión del Corpus y como merece la ciudad que con tanto mimo y tanta exquisitez cuidó esta fiesta en otros tiempos en los que la ciudad era brillante, el Ayuntamiento honorable y los católicos firmes en su convicción.

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