La comunidad de los carmelitas descalzos del Santo Ángel continúa con las labores de mantenimiento y conservación de su patrimonio. El restaurador Carles Salafranca ha restaurado a un crucificado de tamaño académico atribuido a la escuela genovesa activa en Cádiz en el siglo XVIII. «La pieza, de excelente factura, presentaba un estado de conservación bastante estable, aunque su máxima fragilidad residía en la unión de ambos brazos. Éstos se habían roto y sujetado con cinta adhesiva, creando riesgo de caída y erosión de la zona debido al adhesivo descompuesto de la cinta. Ambas manos tenían faltantes en varios dedos.

La pieza presentaba varias fisuras y cazoletas, con riesgo de desprendimiento pero que no afectaban a la estabilidad estructural del soporte lígneo. Sí era muy notoria la suciedad acumulada y el amarilleamiento general de la talla que ocultaba los matices de la policromía».

Esta talla, tal y como hace saber a Pasión a Sevilla la orden carmelita, «esta valiosa talla recuerda las obras de Galleano y también de Maragliano, no podemos olvidar que la orden de los carmelitas descalzos encargaron las mejores tallas genovesas que se han conservado en la provincia gaditana, con joyas como el Cristo de la Salud o la Virgen de Portacoeli».

A lo largo de la restaurador, Carlos Salafranca ha realizado un tratamiento donde «se llevó a cabo una consolidación estructural con cola orgánica y asentamiento de estratos levantados. Así como devolución de la planimetría de las cazoletas. La limpieza fue especialmente delicada, que se llevó a cabo con jabón neutro disuelto en agua desionizada a baja proporción, y con disolvente orgánico en zonas puntuales». Por otro lado, se ha reforzado «las roturas de ambos brazos mediante nuevas espigas de madera de pino, así como la sujeción del Cristo a la cruz, realizado con el mismo material, mediante una espiga trasera. La anterior se había perdido y la talla se sujetaba por las manos y los pies, creando especial tensión en partes tan delicadas.

De los tres clavos se había perdido uno, que se positivó mediante molde en resina acrílica al que se añadió una espiga de madera que lo sujetase a la cruz. La corona de espinas, realizada con cuerda trenzada y encolada, presentaba la fractura de varias espinas que se reintegraron con pequeñas astillas de madera talladas».

Por último, completando esta intervención, «los faltantes de soporte se reintegraron volumétricamente modelados con resina epoxídica bi-componente. Se realizó un estucado de lagunas con estuco natural que, tras nivelarse y texturizarse donde se requería, se reintegró cromáticamente de forma discernible a base de tintas planas y puntillismo. Para ello se usaron, en una primera aproximación cromática, gouaches de base acuosa y, tras un primer barnizado, se retocó cromáticamente con colores al barniz Maimeri Restauro. Se finalizó con la protección de la talla con un barniz a base de resina acrílica de efecto satinado aplicado mediante spray de Lefranc & Bourgeois».

abc

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