Hay que trabajar pensando en que habrá Semana Santa

El delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Joaquín Perea, es partidario de trabajar pensando en la celebración de la Semana Santa de 2021, ya que no vería “lógica” una suspensión tan precipitada de las procesiones en un escenario tan cambiante como el actual.

Perea entiende que a día de hoy las hermandades deben “programar” su actividad normal y “coordinar horarios e itinerarios”, trabajando siempre “con la ilusión de que lo que se prepara va a realizarse”.

“Otra cosa distinta es que llegue la Semana Santa y no podamos sacar los pasos a la calle, pero hablar ya de suspensiones no me parece lógico”, apuntó en el programa Luz de Pasión, que se emite semanalmente en 7 TV Jerez.

El posicionamiento de la Delegación diocesana de Hermandades y Cofradías llega después de que el Ayuntamiento de Sevilla haya anunciado su intención de adoptar una postura conjunta con el Arzobispado y el Consejo de Cofradías después del puente de la Inmaculada, algo que a Perea no le parece “lógico”.

En este sentido, el delegado diocesano muestra su inquietud ante la posibilidad de que la evolución de la pandemia permita a finales de marzo cosas que ahora parecen casi imposibles.

“¿Qué ocurriría si para entonces va todo bien y se puede salir a la calle?”, se preguntó, de ahí que apostara por “esperar” y seguir trabajando “pensando en que se va a salir”.

Eso sí, a título particular no ocultó que se podrían dar situaciones inéditas, porque en determinadas cuestiones sí sería necesario tomar decisiones a principios de enero.

“Ahí tenemos el caso de los palcos, en los que habría que trabajar ya en enero, pero una cosa es no arriesgarse a colocar los palcos y otra cosa distinta son las procesiones, que están siempre ahí hasta que llegue el momento”, advirtió.

Por otra parte, Perea no se mostró especialmente partidario de formatos alternativos a la Semana Santa que se ha venido conociendo y en este sentido “no concebiría” que las hermandades recurrieran a tomar por “avenidas anchas” creyendo que “así no se va a contagiar nadie”. “¿Eso qué sentido religioso tendría. Nosotros tenemos que trabajar como si todo fuera normal”, insistió.  

Desencuentro en San Pedro

El delegado diocesano también se refirió a las diferencias que la Hermandad de Loreto mantiene con el párroco de San Pedro, José Hachero.

Perea dejó claro que el papel de la delegación no pasa de la mera intermediación entre las partes y abogó por tratar de “llegar a acuerdos” que es precisamente en lo que dijo estar trabajando.

A partir de ahí, su intervención únicamente estaría justificada en el supuesto de que el párroco estuviera impidiendo el cumplimiento de los fines de la propia hermandad, que vienen recogidos en unos estatutos que firma el obispo.

“Por lo demás, ¿en qué casa no hay problemas? Lo que hay que hacer es hablar, dialogar y llegar a consensos. A mí se me está echando en cara que no he quitado al párroco, cuando el único que tiene potestad para poner y quitar párrocos es el obispo”, subrayó.

En otro orden de cosas, Joaquín Perea se mostró dispuesto a continuar al frente de la delegación en el supuesto de que el nuevo pastor diocesano se lo pidiera.

“Mi cargo, por el que no se cobra nada, está siempre a disposición del obispo. A veces me pregunto qué hago aquí, pero este trabajo se hace por amor a la Iglesia y vocación de servicio. El día que el obispo me lo pida me iré a otro sitio”, zanjó.   


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