Aunque parezca mentira ya casi se consume este verano. En apenas unos días llegará septiembre, el mes de los reinicios, de los regresos, del volver a empezar con nuevos proyectos e ideas. Aún quedan semanas de calor y buen tiempo, probablemente hasta noviembre, pero septiembre supone el inicio de un nuevo curso, no sólo académico, sino en todos los ámbitos.

Con esos aires renovados por el estío, las próximas semanas deberían ser esas en las que los carnavaleros empiecen sus ensayos y den forma a sus propuestas. Pero tan incierto es en estos momentos todo lo que rodea al mundo del Carnaval como lo que supone la planificación de la Semana Santa, al menos tal y como la conocíamos hasta

 2019.

En septiembre es cuando se empiezan a mover los capataces para ir conformando sus cuadrillas de cara a la esperada Primavera. Es entonces cuando comienzan las primeras llamadas y se encara con ilusión y ganas la responsabilidad de estar al frente de alguno de los pasos que procesionan en nuestra Semana Santa.

Pero este 2021, como ya sucedió en 2020, el otoño llegará lleno de dudas para los cofrades y con el añadido de que para el tema de la carga son ya más de dos años de sequía. Si en Cádiz ya cuesta a veces, en circunstancias normales, tener un suficiente número de cargadores para sacar un paso a la calle, no me quiero ni imaginar qué sucederá llegado el momento, si es que llega, de retomar la cuestión. No porque no haya ganas para ello sino porque el tiempo pasa y quizás en estos meses más de uno, por edad o por otros motivos, haya decidido dejarlo.

La realidad es que en esta ciudad con una población alarmantemente envejecida, no se ve un relevo generacional, principalmente, por la ausencia jóvenes. A ello se une, claro está, el desinterés por la religión cristiana.

Con este panorama cada vez es más complejo pensar que en lo que respecta a la carga habrá una continuidad afianzada en años venideros. Actualmente son muchos los cargadores que en Semana Santa salen varios días debajo de un paso y no es sólo por devoción. Además de que haya suficiente personal la incógnita principal en torno a las salidas procesionales es saber cómo irían las imágenes. Podrían ser varias las opciones que barajen los cofrades a partir de las próximas semanas y aún así habrá que esperar con paciencia la decisión final de las autoridades.

Desde que se vislumbra un poco de esperanza en cuanto al fin de la pandemia se ha hablado de que los pasos salgan como siempre sólo que cumpliendo rigurosamente con algunas normas como la vacunación y la realización previa de pruebas PCR a los cargadores. También algunos cofrades ya han imaginado a sus titulares por las calles en parihuelas, a ruedas o incluso con otro estilo de carga por aquello del espacio y la distancia. Supongo que cada cual tendrá sus gustos y preferencias. Pero una vez que el Obispado de Cádiz autorice el culto externo y las debidas administraciones den a su vez el visto bueno, habría que optar únicamente por salir como hasta antes de esta crisis ya que supuestamente existen mecanismos para garantizar la seguridad de las cuadrillas.

Otra cosa ya es el público. Y las posibles aglomeraciones en las calles. En este verano ya hemos visto de todo: bares y terrazas a tope, playas llenas hasta la bandera, conciertos, fútbol, toros… Y sinceramente, a estas alturas, no veo por qué, si se dan las mismas circunstancias, no podría haber procesiones.

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