Las historias sobre procesiones espectrales o «la Santa Compaña» tienen una gran raigambre en zonas del norte de España, sin embargo no es patrimonio únicamente de zonas tan bellas como la legendaria Galicia Asturias. Si bajamos a otros puntos como Córdoba Sevilla también encontraremos historias muy similares a la de una procesión a la que no hay que interrumpir.

Cierto día del mes de noviembre, un grupo de cazadores se disponía hacer una «cacería» familiar. Había niños de no corta edad, adultos y amigos de la familia. Aquel cortijo estaba casi en el límite de la provincia, entre Córdoba y Sevilla, y era más un lugar de reunión que un coto. Así las cosas, en una noche clara y despejada, el grupo se reunió y se divididieron los puestos de caza. Era curioso ver compartir aquel mismo espacio a los adultos con sus escopetas de cartucho y a los más jóvenes con las de plomillos, en la ilusión de hacer «las cosas de los mayores».

Pasada la medianoche llegaron al lugar de destino, emparejándose por puestos. Todos quedaron distribuidos casi al filo de la una de la mañana, cuando comenzó la observación y el silencio.

Sobre las 2:00 algo sorprendió al silencioso grupo. Sobre la loma de un cerro surgió una fila de personajes sin definir –por la distancia- que parecían portar unas antorchas en sus manos… No estaban demasiado lejos.

De repente, una de las personas que más experiencia tenía en la caza y en las costumbres del lugar hizo una señal para que todos se reuniesen en medio de aquella pradera. Allí les dijo: «Pase lo que pase no miréis a nadie de esa procesión, pase lo que pase. Agachad la cabeza y rezad». Uno los cazadores le preguntó: «¿Qué es lo que pasa?» y el hombre respondió: «Armad las armas, de poco va a servir, pero armarlas y quitarles el seguro. Haced un círculo en la tierra alrededor nuestra y que nadie salga de ahí. Que alguien controle a los niños; que nadie mire ni por curiosidad». Y mientras, aquella procesión se fue acercando.

Un frío que helaba se percibió rápidamente mientras la claridad de aquellas teas iluminaba la cercanía del grupo de caza. A apenas diez metros estaba pasando aquel cortejo.

Una vez pasaron sin mayores contratiempos un miembro de la partida preguntó: «¿Quiénes eran?» y el hombre, cariacontecido dijo: «Es la procesión de la muerte, una especie de Santa Compaña. Si se te aparecen debes dejarla pasar, no mirarla y rezar, sino te llevarán… y morirás. Esta noche hemos tenido suerte, la cacería se ha acabado, vámonos».

Y es que en aquel lugar se dice que si se te aparece la procesión terminas muriendo tú o alguien de tu familia. Por eso –a veces- es mejor no tentar a la suerte.

abc

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