La madre le explica al hijo el misterio. En la Vía Dolorosa, entre cardos y espinos, surge una rosa de la roca que acaricia el Señor con la mano, como la que brota en San Andrés con una gota de sangre. Camino del Calvario, va Jesús de las Tres Caídas exhausto ayudado por Simón de Cirene. La escena tiene una carga simbólica inmensa. Cristo carga con la cruz de los pecados y cae humillado tres veces en una Costanilla abrupta que es como un pico pandémico al que no se le ve la cima. En el rezo del Vía Crucis, se describen tres de las estaciones, tantas como olas llevamos soportando.

Jesús cae por primera vez. «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Ya no se consigue ver a Dios en Jesús, es un hombre frágil que tropieza y cae. Pero sigue hacia delante. Segunda caída. Es un hombre cualquiera, equivocado y aplastado. «Llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados». El rezo del Vía Crucis añade: «Nos hemos equivocado, nos hemos dejado vencer por las tentaciones del mundo, quizá por espejismos de satisfacción».

Pero el Señor se levanta de nuevo con la ayuda de un hombre que venía del campo. Ruiz Gijón hizo con el cincel Evangelio esculpido en esta imagen que interpela al espectador, llamándole a compartir el peso del patíbulo. Y Jesús cae por tercera vez. «Vosotros sois los que habéis perseverado connmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino». Ya no hay fuerzas, la fatiga es infinita y le falta el aire.

El Gólgota está cerca. Simón es un sanitario que soporta la cruz de nuestros días y Cristo, la vida que se abre camino.

abc

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