Primero, por el simple hecho de volver al celebrarla por nuestras calles tras dos años de pandemia, tres en el caso de las hermandades que ni siquiera pudieron salir en 2019. También, porque esta terrible circunstancia no parece haber retraído a las hermandades en lo que incorporación de patrimonio se refiere y bien podríamos considerarla la Semana Santa de los estrenos. 

Esta fiebre cofrade, que incluso se palpa ya en el ambiente con un número incontable de conciertos, vía crucis, presentaciones de carteles, besapiés, traslados, ensayos o rezos cuaresmales, contrasta con una cierta reticencia a salir con las hermandades. No en todas, naturalmente, pero está ocurriendo.

Por ejemplo, en muchas cofradías faltan acólitos –en otras, como Pasión, es al contrario, tienen lista de espera–, pero en muchos pueblos, por ejemplo, tendrán incluso que pagar costaleros para sacar las imágenesHay mucha gente con ganas de Semana Santa, que asiste a todos estos actos y que cuenta los días que faltan para el Domingo de Ramos –17 únicamente–, pero para vivirla desde la acera (los vendedores de pipas ya se frotan las manos), no formando parte de los cortejos procesionales. Y es algo que sorprende viniendo de dos años de ‘abstinencia’. 

Huelva24

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