Venía siendo el comentario generalizado desde hace meses y ha sido un run-rún durante toda la Semana Santa, que culminaba en la tarde del Sábado Santo con la interrupción de la procesión del Santo Entierro por problemas con la cuadrilla de la Virgen de la Soledad que obligaron a la hermandad a retornar a Santa Cruz nada más llegar a Catedral.

Lo ocurrido el Sábado Santo, sin precedente conocido en las últimas décadas, marca un antes y un después en el mundo de la carga y remata una Semana Santa donde los hombres de abajo han tenido un protagonismo excesivo, y no para bien.

A lo largo de la semana se han visto pasos que impiden, por la falta de hombres o de fuerzas, el normal discurrir del cortejo por las calles de la ciudad; las cuadrillas y sus capataces han tenido que recurrir a gente de entre el público que se metiera bajo los pasos; se ha improvisado el refuerzo de otras cuadrillas para completar los recorridos; y, en general, se ha sufrido más de la cuenta, con un largo número de accidentes fruto en muchos casos de esa falta de fuerzas. El remate final ha sido el de una procesión que se ha tenido que suspender regresando por el camino más corto al templo por no poder seguir portando el paso.

Todo ello desluce y perjudica el trabajo de todo un año -o de tres años, en este caso- de las hermandades y sus respectivas juntas de gobierno. Y hace planear la duda de si se trata simplemente de un mal año o de si es el fiel reflejo de un problema mucho mayor, con pasos en los que cada vez cuesta más encontrar cargadores suficientes para completar una salida procesional.

¿Hay crisis de cargadores? Es indudable que hay imágenes y pasos que no tienen nada que temer y que tienen asegurada sus salidas; pero en otros muchos casos cada año cuesta más encontrar al número suficiente de hombres con los que poder salir a la calle con garantías, lo que debería obligar a pensar con rotundidad en buscar unas soluciones que a priori pasan por sistemas que alivien el gran peso que soportan los cargadores de Cádiz (como por ejemplo la modalidad de los dos hombros en la que lleva años trabajando Manuel Pardo, que este Jueves Santo madrugada mandaba a una cuadrilla con este estilo en Olvera) o por cambios que permitan salir a la calle con casi la mitad de personas que requiere el sistema de carga gaditano (colocando trabajaderas en lugar de palos longitudinales y apostando por modalidades como el costal, la molía jerezana o incluso la almohadilla de San Fernando).

Tras la Semana Santa se abre el tiempo del debate, del análisis; y con él, de la preparación de esa futura Semana Santa de 2023 que ya asoma a la vuelta de la esquina, y para la que existen evidentes dudas de que haya personal suficiente para los que pasos procesionen como merece el culto externo de las hermandades.

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