El Cristo de la Buena Muerte de Cádiz, venerado en la iglesia de San Agustín, vuelve a situarse en el centro del debate historiográfico a raíz de un reciente estudio publicado en el número 18 de la revista Philostrato, especializada en historia y arte y editada por la Fundación Moll, con sede en Madrid. El artículo plantea la posible procedencia peruana de la talla gaditana a partir de un exhaustivo análisis comparativo con esculturas de Cristo crucificado conservadas en el antiguo virreinato del Perú.
El trabajo, titulado “El Cristo de la Buena Muerte de la iglesia de San Agustín de Cádiz y su posible procedencia peruana”, está firmado por el historiador del arte Carlos Maura Alarcón, quien profundiza en la hipótesis de un taller común para estas imágenes y en la intensa circulación artística en el ámbito atlántico durante la Edad Moderna.
Coincidencias formales con crucificados del virreinato del Perú
El estudio parte de las similitudes formales entre el crucificado gaditano y varias esculturas de Cristo presentes en ciudades clave del antiguo virreinato peruano. Estas coincidencias, tanto en la composición anatómica como en determinados rasgos expresivos e iconográficos, refuerzan la idea de una posible relación directa entre estas obras.
Maura Alarcón retoma y desarrolla una línea de investigación ya apuntada hace cinco años por el historiador Jesús Porres Benavides, quien, al estudiar varios crucificados atribuidos al escultor español Bernardo Pérez de Robles, activo en el virreinato del Perú, señaló que el Cristo de la Buena Muerte de Cádiz presentaba “algunas afinidades” con estas imágenes. Entre ellas citaba el Cristo de la Agonía de Salamanca, el de la Compañía de Ayacucho, el de la Vera Cruz de Santo Domingo de Arequipa o el Cristo Yacente de esta misma ciudad, sugiriendo incluso que Pérez de Robles pudiera haber ejecutado la obra tras su regreso a España.
Una autoría aún abierta al debate
No obstante, el autor del artículo introduce importantes matices. Aunque considera evidente el parentesco estilístico del Cristo gaditano con algunas de las imágenes citadas, subraya que no es posible atribuirlo directamente a la producción documentada o atribuida de Bernardo Pérez de Robles. En su lugar, propone situarlo dentro de un amplio conjunto de esculturas anónimas de similar iconografía repartidas por distintas ciudades del antiguo Perú.
Entre las obras que Maura Alarcón pone en paralelo destacan el Cristo de la Reconciliación del monasterio de las Nazarenas de Lima, un Cristo de un Calvario venerado en la iglesia de Santa Clara de la misma ciudad, el crucificado de la Compañía en Ayacucho, otro conservado en la catedral de Trujillo, así como otras imágenes que comparten rasgos concretos con la talla gaditana.
Una de las grandes incógnitas de la imaginería española
El Cristo de la Buena Muerte de Cádiz está considerado una de las mejores obras de la imaginería barroca conservadas en España, pero también una de las más enigmáticas en cuanto a su autoría. A lo largo del tiempo, diversos estudios lo han relacionado con nombres tan destacados como Juan Martínez Montañés, Alonso Martínez, José de Arce o Alonso Cano, así como con el italiano Alessandro Algardi. Incluso se han señalado influencias estéticas del pintor flamenco Rubens y del escultor alemán Georg Petel.
La investigación publicada en Philostrato no cierra el debate, pero sí aporta nuevos argumentos y perspectivas que enriquecen el conocimiento sobre esta imagen devocional y refuerzan la importancia de Cádiz como enclave clave en los intercambios artísticos del mundo atlántico.
Este nuevo estudio consolida al Cristo de la Buena Muerte no solo como una obra maestra de la escultura sacra, sino como un testimonio excepcional del diálogo artístico entre España y América, cuya historia continúa abierta a futuras investigaciones.


