La antesala de la Cuaresma volverá a estar marcada por la voz, el paso y la oración de los jóvenes cofrades, protagonistas de un Vía Crucis común que refuerza la fe compartida y el sentimiento de pertenencia entre las distintas corporaciones penitenciales.
🤍 Un encuentro de fe y convivencia
La iniciativa nace con un claro objetivo: reunir a los grupos jóvenes de las cofradías en un mismo itinerario espiritual, fomentando la oración, la reflexión y la convivencia fraterna. Más allá del recorrido, el Vía Crucis se plantea como un testimonio vivo de compromiso cristiano y de futuro para el mundo cofrade.
Cada grupo joven inicia su caminar acompañado por el estandarte mayor de su titular cristífero, convirtiendo las calles en un auténtico mosaico de devociones que confluyen en un mismo mensaje.
🚶♂️ Caminos que se encuentran
El desarrollo del acto está marcado por la confluencia progresiva de las distintas cofradías, que se van sumando a la comitiva principal desde diferentes puntos del casco histórico. Este caminar compartido simboliza la unidad de la juventud cofrade, que deja atrás siglas y particularidades para avanzar como un solo cuerpo.
A lo largo del recorrido, nuevas corporaciones se integran en el cortejo, enriqueciendo el ambiente con su presencia y haciendo visible la amplitud y diversidad del tejido cofrade juvenil.
⛪ Punto de encuentro y signo común
Una vez reunidos todos los participantes, la comitiva se dirige a la sede agrupacionista, donde los jóvenes son recibidos por los responsables de la institución. Allí se hace entrega de la cruz Tau, símbolo que preside el rezo del Vía Crucis y que representa sencillez, conversión y seguimiento de Cristo.
Con este signo común, el cortejo emprende el último tramo del itinerario hacia el templo jubilar, donde el encuentro alcanza su momento más intenso.
🕯️ Oración compartida y música
El rezo del Vía Crucis tiene lugar en un espacio de especial recogimiento, donde los propios jóvenes se encargan de proclamar las estaciones, turnándose en la lectura y portando la cruz como expresión de unidad.
La participación musical acompaña cada momento del ejercicio piadoso, creando un clima propicio para la oración y ayudando a interiorizar el mensaje de cada estación.


