La Semana Santa andaluza no es solo un fenómeno de fervor religioso, sino un museo vivo que recorre las ciudades cada primavera. Detrás de la estética barroca de madera, oro y flores, subyacen estructuras que han resistido más de cuatro siglos de conflictos, desastres y transformaciones artísticas.
Cuando una cofradía pone su cruz de guía en la calle, no solo inicia una estación de penitencia; activa un legado histórico que, en algunos casos, se remonta al siglo XVII. Estos pasos procesionales, considerados el epicentro visual de la celebración, son auténticos supervivientes que han sabido mantener su iconografía y su talla original a pesar del paso del tiempo y las vicisitudes históricas.
La génesis del modelo barroco
La configuración de la Semana Santa tal y como se conoce hoy tuvo su periodo de mayor esplendor y definición entre los siglos XVI y XVII. Fue en esta etapa cuando el concepto de «paso» comenzó a evolucionar hacia las grandes estructuras que hoy admiramos. Aunque muchas piezas han sufrido reformas y restauraciones necesarias, el alma de su diseño original permanece intacta en el imaginario colectivo y en la estructura de las andas.
Sevilla: El canon del regionalismo y la sobriedad
La capital hispalense custodia algunos de los ejemplos más significativos de la historia cofrade:
- El Cachorro de Triana: El Cristo de la Expiración es, quizás, uno de los referentes más internacionales del barroco sevillano. Aunque el paso actual ha experimentado evoluciones técnicas y estéticas, su origen conceptual se sitúa en el siglo XVII. Su fisonomía ha marcado un antes y un después en la forma de entender el movimiento y la carga en Sevilla y en otras provincias.
- El Gran Poder: Representa la máxima expresión de la austeridad y el clasicismo. La imagen, datada en el siglo XVII, procesiona sobre un paso que destaca por su sobriedad extrema y la ausencia de escenas secundarias, otorgando todo el protagonismo a la talla. Su diseño de líneas rectas y su imponente presencia definen lo que hoy se considera el «modelo clásico» del paso sevillano.
Joyas históricas en Málaga y Cádiz
El patrimonio antiguo no se limita a la capital andaluza. Otras urbes mantienen tesoros de incalculable valor que definen la identidad de sus provincias:
En la ciudad malagueña, el Cristo de la Expiración procesiona sobre un trono que conserva la esencia histórica y el sello distintivo de la tradición local, resistiendo los cambios de estilo que la ciudad ha vivido a lo largo de las décadas. Por su parte, en Cádiz, el Nazareno de Santa María, conocido popularmente como el «Regidor Perpetuo», se erige como una de las grandes instituciones devocionales. Su paso tradicional ha sido testigo de la evolución de la ciudad desde el siglo XVII, manteniendo un corte clásico que ha servido de refugio para la fe gaditana durante generaciones.
El arte de sobrevivir a la historia
Lo que convierte a estas piezas en elementos extraordinarios es su capacidad de supervivencia. A lo largo de cuatrocientos años, estos pasos han enfrentado incendios, conflictos bélicos y profundos cambios en el gusto artístico. Muchos han sido reconstruidos tras quedar dañados, pero la fidelidad a su iconografía original ha permitido que la devoción del siglo XXI conecte directamente con la del Siglo de Oro.
No se trata simplemente de una exhibición de arte sacro, sino de la manifestación de siglos de fe que continúan caminando por la tierra andaluza. La conservación de estos pasos plantea un reto constante para las hermandades: equilibrar la necesidad de restauración técnica con el respeto escrupuloso a la historia. El resultado es un patrimonio que, lejos de quedar confinado en vitrinas, sigue cumpliendo su función original, recordándonos que el pasado sigue vivo en cada levantá.


