Desde tallas que estuvieron a punto de emigrar a Sevilla hasta imágenes que procesionaban tumbadas, la Pasión jerezana atesora un archivo inagotable de anécdotas que conforman su identidad única.
La Semana Santa de Jerez no es solo un despliegue de fe y arte en las calles; es un organismo vivo que ha evolucionado a través de siglos de decisiones singulares, cambios de sede y sucesos que han pasado a formar parte del imaginario colectivo. Repasamos algunos de los episodios más sorprendentes que marcan la trayectoria de sus cofradías.
Tallas viajeras y destinos cruzados
Uno de los datos más llamativos de la historia local afecta a la Hermandad de la Lanzada. Su actual dolorosa, la Virgen del Buen Fin, estuvo a punto de ser la titular de la Hermandad de la Exaltación de Sevilla bajo la advocación de las Lágrimas. Fueron los propios hermanos sevillanos quienes, en una ajustada votación, decidieron finalmente quedarse con la imagen que procesiona actualmente en la capital hispalense, permitiendo que la actual talla recalara en Jerez.
Del mismo modo, la futura dolorosa de la Hermandad de Bondad y Misericordia, María Santísima Salud de los Enfermos, cuenta con un pasado en la capital andaluza: perteneció anteriormente a la Hermandad de las Aguas de Sevilla, donde recibía culto bajo la advocación de Madre de la Juventud.
Misterios «tumbados» y gigantes de madera
La arquitectura de los templos jerezanos ha condicionado históricamente la estética de las cofradías. Es el caso del Santísimo Cristo de la Defensión, que antes de la reforma de la puerta de los Capuchinos, debía salir de su templo completamente tumbado sobre el paso para poder salvar el dintel, dejando una estampa de gran complejidad técnica.
En cuanto a las proporciones de la imaginería, el Cristo de la Sed ostenta un récord físico en la ciudad: con sus 2,07 metros de altura, se sitúa como la imagen de Cristo más grande de cuantas procesionan en la Semana Mayor jerezana.
Joyas con historia y materiales singulares
El patrimonio de las hermandades guarda secretos en sus materiales más preciados. El puñal de la Virgen del Mayor Dolor es una pieza de orfebrería de 1912 con una intrahistoria conmovedora: su empuñadura se realizó fundiendo las joyas (oro, platino y diamantes) que una novia entregó a la Virgen como ofrenda tras su ceremonia nupcial en 1872.

En el apartado de las curiosidades visuales, el Cristo del Vía Crucis destaca por su singularidad estética, siendo el único paso de misterio en Jerez que procesiona escoltado por faroles tallados íntegramente en madera en lugar de la tradicional orfebrería de plata o metal.
El laberinto de las sedes
Las hermandades han sido, en muchos casos, instituciones nómadas. La Hermandad del Perdón estuvo cerca de establecerse definitivamente en la Parroquia del Perpetuo Socorro; de haber ocurrido, Jerez habría perdido el uso procesional de un enclave tan místico como la Ermita de Guía.
Asimismo, la Hermandad de las Angustias vivió un exilio de casi sesenta años. Tras ser expulsada de su templo por la Revolución de 1868, su capilla llegó a ser utilizada como sede de un club republicano e incluso como iglesia luterana, hasta que la cofradía pudo recuperar su sede canónica en 1924.
Estos episodios demuestran que la Semana Santa de Jerez es, ante todo, una crónica de resistencia y adaptación constante a los avatares del tiempo.


