✝️ El Baratillo conmemora una imagen clave de la imaginería del siglo XX
La Hermandad del Baratillo vive días de especial intensidad devocional con motivo del 75 aniversario del Cristo de la Misericordia, la primera imagen que Luis Ortega Bru realizó para Sevilla y una de las obras que marcarían para siempre el rumbo de la imaginería contemporánea en la ciudad. La efeméride no solo celebra una talla, sino el comienzo de una relación artística que dejó una huella profunda en la Semana Santa hispalense.
🙏 Una devoción nacida para perdurar
La bendición del Cristo de la Misericordia supuso el nacimiento público de una imagen llamada a convertirse en referente. Desde aquel momento, la talla pasó a ocupar un lugar central en la espiritualidad del Baratillo y en el panorama cofrade sevillano. Hoy, tres cuartos de siglo después, la hermandad recuerda aquel acontecimiento con cultos extraordinarios, entre los que ha destacado un besapiés excepcional, vivido con gran participación de hermanos y devotos.
🕊️ El relevo que marcó un antes y un después
La llegada de la Virgen de la Piedad, obra de Fernández-Andes, provocó en su día una reflexión profunda en el seno de la corporación. La extraordinaria calidad de la Dolorosa impulsó a la hermandad a replantear el conjunto titular, abriendo el camino a un nuevo Crucificado que estuviera a la altura artística y devocional que se buscaba. De ese proceso surgiría la elección de un joven Ortega Bru, que entonces comenzaba a despuntar con un lenguaje propio y rotundo.
🎨 Un Cristo concebido desde la grandeza clásica
Para dar forma al Cristo de la Misericordia, Ortega Bru bebió de fuentes muy precisas. La composición responde a un estudiado equilibrio entre dinamismo y serenidad, con claras referencias al barroco europeo y al clasicismo renacentista. La influencia de Hendrik Goltzius se percibe en el giro del rostro y la diagonal del cuerpo, mientras que la huella de Miguel Ángel aflora en la anatomía poderosa y armónica, concebida no como un cuerpo vencido, sino como un cuerpo sostenido por la promesa de la Resurrección.
🖌️ Policromía y expresión al servicio del mensaje
La fuerza expresiva de la imagen no se entendería sin la labor de Guillermo Bonilla, responsable de la encarnadura. Su trabajo potencia los volúmenes, los matices de la piel y el dramatismo contenido que define al Crucificado. El resultado es una imagen profundamente humana, donde el dolor no se impone desde el exceso, sino desde la verdad serena del sacrificio.
🤍 Un diálogo perfecto con la Virgen de la Piedad
El Cristo de la Misericordia forma un conjunto de enorme impacto junto a la Virgen de la Piedad. Pese a tratarse de dos autores y dos estilos distintos, la escena alcanza una armonía visual y teológica de gran eficacia. La juventud serena de María, inspirada en la Piedad miguelangelesca, contrasta y a la vez complementa la corporeidad del Hijo muerto, generando uno de los misterios más reconocibles del Miércoles Santo sevillano.
🏛️ El inicio de una obra mayor en Sevilla
Tras el Cristo de la Misericordia, Ortega Bru firmaría algunas de las páginas más importantes de la imaginería sevillana del siglo XX. El misterio de Santa Marta, el Cristo de la Salud de Montesión, los titulares de San Gonzalo o el apostolado de la Cena consolidaron un estilo inconfundible, marcado por la intensidad dramática, el estudio anatómico y una profunda carga espiritual.
🔧 Restauraciones con respeto y rigor
El paso del tiempo hizo necesarias distintas intervenciones sobre la imagen. Una primera restauración aseguró su conservación, mientras que décadas después una actuación integral devolvió al Crucificado toda su riqueza original, respetando escrupulosamente la concepción de Ortega Bru y la policromía de Bonilla. Estas labores permitieron recuperar matices, volúmenes y expresividad, garantizando su correcta preservación para el futuro.


