El año 2025 quedará marcado en la historia reciente de las cofradías de Sevilla como uno de los más intensos y debatidos fuera del marco habitual de la Cuaresma y la Semana Santa. Las procesiones extraordinarias, misiones evangelizadoras, coronaciones canónicas y cultos externos han alcanzado una dimensión desconocida hasta ahora, llevando la religiosidad popular sevillana más allá de sus fronteras naturales y generando un profundo debate interno y externo.
Procesiones extraordinarias fuera de Sevilla: Roma y Montserrat
Uno de los hitos más relevantes del año ha sido, sin duda, la presencia del Santísimo Cristo de la Expiración, el Cachorro, en Roma. Entre los días 14 y 17 de mayo, la imagen titular de la Hermandad del Patrocinio permaneció en la Ciudad del Vaticano con motivo del Jubileo de las Cofradías, una cita que se celebra cada 25 años. Durante tres jornadas, el crucificado de Ruiz Gijón fue venerado en la Basílica de San Pedro, en un montaje sobrio y de carácter expositivo, sin flores ni velas, que atrajo a numerosos devotos.
El momento culminante llegó con la Gran Procesión jubilar, celebrada en el entorno del Coliseo y el Circo Máximo, donde el Cachorro procesionó junto a la Virgen de la Esperanza de Málaga. A pesar de la espectacularidad de las imágenes, el evento dejó sensaciones encontradas por su elevado coste económico y una repercusión local limitada, en un contexto marcado además por actos litúrgicos de mayor rango en el Vaticano.
A esta salida internacional se sumó la Virgen de Montserrat, que viajó hasta la abadía catalana con motivo del milenario del monasterio y del 450 aniversario de la hermandad sevillana. Un acontecimiento de menor impacto mediático, pero de gran carga simbólica y devocional, que dejó estampas de gran belleza en la sierra de Montserrat.
La Misión de la Esperanza de Triana: un mes histórico
Si hubo un acontecimiento que definió el año cofrade fue la Misión de la Esperanza de Triana en el Polígono Sur. Entre el 4 de octubre y el 1 de noviembre, la Dolorosa de la calle Pureza protagonizó hasta siete salidas extraordinarias, visitando parroquias como Las Letanías, las Tres Mil Viviendas, Santa Ana, San Jacinto y la Catedral de Sevilla.
Esta misión pastoral retomó el modelo iniciado por el Gran Poder en 2021, llevando las imágenes más devocionales a las periferias sociales y espirituales de la ciudad. Supuso también una confirmación del momento de auge que vive la hermandad trianera, tanto en número de hermanos como en patrimonio artístico y proyección social.
Coronaciones y salidas sucesivas: un nuevo modelo
El año 2025 ha consolidado una tendencia cada vez más extendida: las salidas sucesivas de una imagen vinculadas a un mismo acontecimiento. Así ocurrió con la coronación canónica de la Virgen del Rocío de la Redención, celebrada en junio, y con la Divina Pastora de Santa Marina, coronada en septiembre. En ambos casos, los traslados a distintos templos, algunos en paso y otros en parihuelas, llenaron durante semanas el calendario cofrade.
Especialmente intenso fue el caso de la Pastora de Santa Marina, con hasta cinco salidas extraordinarias en menos de un mes, incluyendo visitas a la Catedral y a San Pedro, donde coincidió con la salida extraordinaria de la Virgen de la Amargura sin palio.
Un otoño sin respiro para Sevilla
El último trimestre del año fue especialmente exigente. Apenas hubo fines de semana libres debido a cultos externos como los de la Hermandad de las Aguas, el Divino Perdón de Alcosa, las Penas de San Vicente o la recuperación del Stabat Mater de la Hermandad del Museo, con traslado de ida y vuelta a la Catedral.
Este aluvión de actos coincidió además con un contexto de tensión institucional, marcado por el conflicto laboral entre el Ayuntamiento de Sevilla y la Policía Local, reabriendo el debate sobre el coste de los servicios extraordinarios y la sostenibilidad de un calendario tan cargado.
Un debate abierto para el futuro
Sin necesidad de celebraciones magnas, 2025 ha demostrado hasta dónde puede llegar lo extraordinario en la Sevilla cofrade. Para algunos, ha sido un año de evangelización, presencia pública y riqueza patrimonial. Para otros, una muestra de saturación y desgaste, tanto interno como ciudadano.
Lo cierto es que Sevilla despide un año límite en lo extraordinario, dejando abiertas preguntas clave sobre el modelo de cultos externos, la planificación futura y el equilibrio entre devoción, ciudad y recursos. Un debate que, a tenor de lo vivido, seguirá muy presente en los próximos años.
El año 2025 quedará marcado en la historia reciente de las cofradías de Sevilla como uno de los más intensos y debatidos fuera del marco habitual de la Cuaresma y la Semana Santa. Las procesiones extraordinarias, misiones evangelizadoras, coronaciones canónicas y cultos externos han alcanzado una dimensión desconocida hasta ahora, llevando la religiosidad popular sevillana más allá de sus fronteras naturales y generando un profundo debate interno y externo.
Procesiones extraordinarias fuera de Sevilla: Roma y Montserrat
Uno de los hitos más relevantes del año ha sido, sin duda, la presencia del Santísimo Cristo de la Expiración, el Cachorro, en Roma. Entre los días 14 y 17 de mayo, la imagen titular de la Hermandad del Patrocinio permaneció en la Ciudad del Vaticano con motivo del Jubileo de las Cofradías, una cita que se celebra cada 25 años. Durante tres jornadas, el crucificado de Ruiz Gijón fue venerado en la Basílica de San Pedro, en un montaje sobrio y de carácter expositivo, sin flores ni velas, que atrajo a numerosos devotos.
El momento culminante llegó con la Gran Procesión jubilar, celebrada en el entorno del Coliseo y el Circo Máximo, donde el Cachorro procesionó junto a la Virgen de la Esperanza de Málaga. A pesar de la espectacularidad de las imágenes, el evento dejó sensaciones encontradas por su elevado coste económico y una repercusión local limitada, en un contexto marcado además por actos litúrgicos de mayor rango en el Vaticano.
A esta salida internacional se sumó la Virgen de Montserrat, que viajó hasta la abadía catalana con motivo del milenario del monasterio y del 450 aniversario de la hermandad sevillana. Un acontecimiento de menor impacto mediático, pero de gran carga simbólica y devocional, que dejó estampas de gran belleza en la sierra de Montserrat.
La Misión de la Esperanza de Triana: un mes histórico
Si hubo un acontecimiento que definió el año cofrade fue la Misión de la Esperanza de Triana en el Polígono Sur. Entre el 4 de octubre y el 1 de noviembre, la Dolorosa de la calle Pureza protagonizó hasta siete salidas extraordinarias, visitando parroquias como Las Letanías, las Tres Mil Viviendas, Santa Ana, San Jacinto y la Catedral de Sevilla.
Esta misión pastoral retomó el modelo iniciado por el Gran Poder en 2021, llevando las imágenes más devocionales a las periferias sociales y espirituales de la ciudad. Supuso también una confirmación del momento de auge que vive la hermandad trianera, tanto en número de hermanos como en patrimonio artístico y proyección social.
Coronaciones y salidas sucesivas: un nuevo modelo
El año 2025 ha consolidado una tendencia cada vez más extendida: las salidas sucesivas de una imagen vinculadas a un mismo acontecimiento. Así ocurrió con la coronación canónica de la Virgen del Rocío de la Redención, celebrada en junio, y con la Divina Pastora de Santa Marina, coronada en septiembre. En ambos casos, los traslados a distintos templos, algunos en paso y otros en parihuelas, llenaron durante semanas el calendario cofrade.
Especialmente intenso fue el caso de la Pastora de Santa Marina, con hasta cinco salidas extraordinarias en menos de un mes, incluyendo visitas a la Catedral y a San Pedro, donde coincidió con la salida extraordinaria de la Virgen de la Amargura sin palio.
Un otoño sin respiro para Sevilla
El último trimestre del año fue especialmente exigente. Apenas hubo fines de semana libres debido a cultos externos como los de la Hermandad de las Aguas, el Divino Perdón de Alcosa, las Penas de San Vicente o la recuperación del Stabat Mater de la Hermandad del Museo, con traslado de ida y vuelta a la Catedral.
Este aluvión de actos coincidió además con un contexto de tensión institucional, marcado por el conflicto laboral entre el Ayuntamiento de Sevilla y la Policía Local, reabriendo el debate sobre el coste de los servicios extraordinarios y la sostenibilidad de un calendario tan cargado.
Un debate abierto para el futuro
Sin necesidad de celebraciones magnas, 2025 ha demostrado hasta dónde puede llegar lo extraordinario en la Sevilla cofrade. Para algunos, ha sido un año de evangelización, presencia pública y riqueza patrimonial. Para otros, una muestra de saturación y desgaste, tanto interno como ciudadano.
Lo cierto es que Sevilla despide un año límite en lo extraordinario, dejando abiertas preguntas clave sobre el modelo de cultos externos, la planificación futura y el equilibrio entre devoción, ciudad y recursos. Un debate que, a tenor de lo vivido, seguirá muy presente en los próximos años.


