La pandemia de coronavirus nos está obligando a todos a acostumbrarnos a la incertidumbre. Lo hemos visto muy claramente durante las pasadas fechas navideñas, en las que no pocas celebraciones familiares se tuvieron que suspender o reducir drásticamente a última hora debido a los contagios o al simple temor por los mismos. Esta incertidumbre no sólo se da en la pequeña escala personal o familiar, sino también en la colectiva y pública. Ahora que en el horizonte empiezan a otearse la Semana Santa y las diferentes ferias y fiestas de primavera y verano lo volveremos a comprobar.

Estamos hablando de celebraciones que, no hay que insistir mucho en ello, son fundamentales para los andaluces por variados motivos: culturales, emotivos, religiosos, económicos, etcétera. Sin embargo, hoy por hoy, nadie puede asegurar al ciento por ciento que se puedan celebrar este año. Por eso lo primero que hay que pedirle a la Junta de Andalucía es que no cree falsas expectativas que luego se puedan ver traducidas en frustración.

La realidad es que, como ha insistido la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se puede ningunear a ómicron, la nueva variante del virus cuya evolución es todavía un misterio. Aun así, se puede decir que existen muchas posibilidades de que este año, al fin, los andaluces podrán disfrutar de su Semana Santa tras dos años de dolorosa y ruinosa suspensión. Por eso, las autoridades centrales, autonómicas y, especialmente, municipales deben trabajar con la hipótesis de que este año vamos a poder a celebrar la fiesta plenamente.

También deben contemplarse diferentes alternativas y variantes para una Semana Santa a medio gas, con procesiones en las calles pero con restricciones de diversos tipos. Como decíamos, habrá que trabajar con la incertidumbre como espada de Damocles y ser conscientes de que en apenas unos días todo lo planeado puede pasar a ser papel mojado. Son los tiempos que nos han tocado vivir.

EuropaSur

Deja un comentario