La mayoría de los vecinos de Sedella, un pequeño pueblo de apenas 700 habitantes en la Axarquía, profesa una enorme fe por su patrona, la Virgen de la Esperanza. Por eso acostumbran a hacerle «generosas ofrendas, incluso en época de penurias» -como afirma su alcalde, Francisco Abolafio Rodríguez- que depositaban en una caja fuerte que había a los pies de la imagen. Hasta que, para su sorpresa, la caja desapareció y, con ella, el dinero y las joyas con las que la engalanaban en las procesiones.

El escándalo entre los feligreses empujó al regidor a tomar cartas en el asunto y denunciar los hechos ante la Guardia Civil. El pueblo señala al expárroco, acude al Obispado y amenaza con llegar al Vaticano, «si hace falta», advierte Rodríguez. Las joyas, de pronto, aparecen. Pero el dinero no. Y entre tanto, la Benemérita investiga el caso, para no falte ningún ingrediente. Por eso estos días la frase más repetida entre los vecinos de Sedella es: «Con la iglesia hemos topado».

Todo comenzó el 10 de octubre, tras producirse el relevo entre el párroco antiguo y el nuevo. Los feligreses acudieron a la parroquia para sacar de la caja fuerte las joyas de la virgen y preparar la procesión del día 12. Fue entonces cuando se encontraron con que la caja fuerte, que tenía una pequeña ranurita para las ofrendas, había desaparecido y el hueco donde antes se encontraba -a los pies de la imagen- había sido tapado. «Como si allí no hubiera pasado nada», apostilla el alcalde.

Los vecinos pidieron explicaciones al cura y éste contactó con su antecesor, quien -según la denuncia- le informó de que la había arrancado y la había dejado en el punto limpio. «Cuando me lo cuenta el párroco nuevo, pensé que no habría ningún objeto valioso, pero luego me informaron de que había 12 piezas de oro que tienen un valor incalculable para nosotros, sobre todo sentimental y simbólico», explica Rodríguez.

El alcalde maniobró inmediatamente, aunque no pudo evitar que la virgen procesionara sin las alhajas. Pidió un inventario a los feligreses y envió una carta al Obispado en la que detallaba la situación y le daba un plazo de 72 horas para proporcionar una respuesta. «Al día siguiente me dijeron que no tenían constancia de nada y que investigarían. Les había dado tres días, pero aun así aguanté uno más y al cuarto fui a denunciar». Lo hizo en el cuartel de la Guardia Civil, que ya está investigando el caso.

Pero los vecinos no se quedaron ahí y siguieron «haciendo presión». Francisco Abolafio Rodríguez continúa: «Llamé al párroco anterior con manos libres delante de cinco testigos, entre ellos el nuevo cura, mi segundo teniente alcalde y un feligrés. Me dijo que en seis años él nunca había tenido llaves de esa caja fuerte y que la tiró, que estaba en el punto limpio. No quise entrar en polémica y cuando la conversación empezó a subir de tono le dije que nos veríamos en la vía judicial».

El alcalde, que el pasado sábado organizó una asamblea vecinal (la primera) para contar con el respaldo del pueblo, envió otra carta solicitando una reunión con el Obispo al tiempo que advertía de que, si no obtenía respuesta, irían ante las autoridades eclesiásticas en Madrid. «Pensábamos presentarnos en el Vaticano si hacía falta. Además, si hubiese sido necesario, teníamos previsto ir el pueblo entero», apostilla.

En esas, el Obispado respondió. Lo hizo en un nuevo correo electrónico, pasadas las tres de la tarde del lunes, en el que informaba a Rodríguez de que ambas instituciones debían estar contentas porque las joyas habían aparecido. «Ya las hemos recuperado», explica el regidor, «creemos que faltan al menos dos piezas, aunque no de tanto valor». Este periódico también ha contactado con el Obispado, que está estudiando el caso para una respuesta.

a pregunta es… ¿cómo han aparecido las alhajas? Rodríguez lo aclara: «Hemos tenido una reunión bastante larga. Sé que el párroco (el anterior) las ha devuelto. No me han aclarado qué va a pasar con él. Estoy indignado de que este señor nos esté representando como miembros de la comunidad cristiana. Lo digo como alcalde, vecino y creyente».

El dinero, en cambio, no ha aparecido. Según las fuentes consultadas, el cura habría manifestado que había unos 600 euros de las ofrendas dentro de la caja fuerte y que están invertidos en obras en la propia parroquia, concretamente, en unas rejas contra las palomas instaladas en el campanario.

A Francisco Rodríguez Abolafio no le termina de convencer ni la respuesta ni la resolución del caso, pero aun así quiso consultar a los vecinos si seguían adelante con la denuncia. «La mayoría ha decidido que sí. Como yo estoy al servicio y a las órdenes de mi pueblo, continuamos con la vía judicial. Como cristianos somos los número uno, pero también cuando tenemos que luchar por nuestro pueblo, nuestras imágenes y nuestras raíces. Como dije en la asamblea, ‘con la iglesia hemos topado, pero la iglesia también ha topado con Sedella’».

DiarioSur

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