‘Vía Crucis’: Toño Casado embriaga de Pasión la Mezquita de Córdoba

Lo ha vuelto a hacer. Toño Casado lo ha vuelto a hacer. Como sucediera con ’33, el musical’, el sacerdote y compositor madrileño consiguió anoche lo que muchos daban por imposible: demostrar que se puede hacer arte con mayúsculas, desde la emoción, desde la Pasión, desde el Evangelio.

En un marco incomparable, la mezquita-Catedral de Córdoba. En su mundialmente famosa Sala de las Columnas, resonó, tal vez como nunca antes, el doloroso camino de Jesús hacia la cruz. Catorce estaciones, catorce canciones, inspiradas por el relato evangélico y tamizadas por el ingenio de Toño Casado.

Un Vía Crucis que no se entiende sin ’33, el musical’, sin las propias heridas, las propias estaciones de su autor. Que, como Cristo arrastrándose al Calvario, sufrió caídas, traiciones, soledad, desconcierto, condena, desesperación y vacío. Pero también tuvo Cireneos, Marías, Verónicas, Juanes, Resurrección. Un camino, el de este Via Crucis, que no se comprende sin Toño, pero tampoco sin otros rostros, sin otros nombres, como los de Santiago, Juan Pedro, María, Rafa, Josete, Antonio, Mariló, Arancha… Además de otras voces, como la maravillosa María Virumbrales (qué enamorado estamos de esa voz), el ímpetu de Laureano Ramírez, la dulzura de Inma Mira o la pasión arrebatadora de ese gran Jesús interpretado por Adrián Salzedo.

Porque, como en el camino de la vida, el camino de este ‘Via Crucis’ ha estado cargado de emociones, de manos entrelazadas, de pasión. De esa pasión que no se queda en la cruz, sino que la sublima y la rebosa con la esperanza de la Vida más allá de la vida. Porque el arte, y este concierto-musical de Toño Casado lo es a manos llenas, esponja el corazón, levanta lágrimas y aplausos, genera emociones, y eso es la vida. Y también la fe.

Una fe que hace que caminen de la mano distintas instituciones, distintos modelos de Iglesia. Porque anoche, en la mezquita-Catedral de Córdoba, hasta Demetrio Fernández estuvo inmenso. Un coro de voces, desde el autor hasta el último de los espectadores que lloró, tembló y aplaudió a rabiar, de las mujeres que se levantaron en esa magnífica octava estación, de los que se mordieron los labios al escuchar el lamento de María, o el peso de tantas cruces que se han de portar sin saber por qué, un coro de voces, en definitiva, que se reconocieron en la música, y en la letra, de una obra que rezuma Evangelio, del bueno, del que logra que, incluso en la muerte más ignominiosa, incluso escuchando cómo los clavos rompen los huesos y la piel al ser martilleados contra la cruz, queda espacio para la esperanza, para el sepulcro vacío, para el que vive.

Anoche, en la mezquita-Catedral de Córdoba, y gracias al Cabildo y a la hermandad del Vía Crucis, que cumple su 50 aniversario, ‘Vía Crucis el musical’ inició una andadura, que le llevará durante este mes de marzo a la parroquia de El Pilar de Madrid (entradas, aquí), y el día 6 de abril a La Almudena. También, de la mano de la Fundación Edelvives, a proyectos pastorales y educativos. Y, quién sabe si hasta la misma Roma, donde el Papa, que ya ha tenido oportunidad de conocer de primera mano este proyecto, siente con el mismo corazón que las manos de quien ha creado esta obra.

De momento, el camino parece abierto para que todas las diócesis españolas no pierdan la oportunidad de dejarse evangelizar por el ‘Vía Crucis’ de Toño Casado. Ojalá no dejemos pasar este tren.

ReligiónDigital

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