Recientemente en la revista Ucoarte de la Universidad de Córdoba (2020), se ha publicado el artículo ‘Un nuevo San Diego de Alcalá atribuido a Juan Martínez Montañez’, donde los investigadores José Manuel Moreno Arana, Antonio Romero Dorado y el fotógrafo Oscar Franco, identifican la imagen de un San Diego de Alcalá, salido de la gubia de Juan Martínez Montañez en la iglesia de San Francisco de Sanlúcar de Barrameda. El pasado año, el doctor Moreno Arana identificó en el mismo templo la escultura de un San Buenaventura atribuida a Luisa Roldán ‘La Roldana’, lo que le hizo pensar que en la misma iglesia podían encontrarse otras piezas destacadas.

Dicho templo, construido en el siglo XVIII, se trasladaron muchos enseres procedentes del antiguo convento de San Francisco “El viejo” fundado en el siglo XV. Aunque la situación de la imagen colocada a una considerable altura, dificultaba su correcta visión, el reconocido fotógrafo Oscar Franco, realizó un reportaje donde se apreciaban detalles que mostraban su excelente calidad . Así, cuando los tres investigadores visitaron el pasado año la exposición dedicada al escultor en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, las dudas se disiparon. Sin duda, el San Diego de Sanlúcar era un Montañés. Como apuntan Moreno Arana y Romero Dorado, tras la canonización de San Diego de Alcalá en 1588, la orden franciscana encargó a los mejores artistas la realización de cuadros e imágenes para promocionar al nuevo santo muy vinculado con Sanlúcar.

Por este motivo, no es de extrañar que en el primitivo convento de la ciudad existiera una imagen del santo, teniendo en cuenta que desde este cenobio había partido para evangelizar las Islas Canarias en el siglo XV.  De esta forma, está documentado como Montañez realizó una primera escultura de San Diego en 1589 destinada al convento franciscano de Cádiz la cual desapareció tras el saqueo ingles de la ciudad en 1596.  Según la hipótesis de los investigadores, la imagen conservada en la iglesia de San Francisco podría datarse alrededor de 1591-1592, lo que añade a la pieza sanluqueña el ser una de las primeras obras identificadas del artista.

Como se apunta en el artículo, la ausencia de la escultura en los inventarios del siglo XIX del templo hace pensar que esta procediera de la primitiva ermita dedicada al santo y que sería trasladada cuando está desapareció a la actual iglesia de San Francisco. 

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